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© Marcos Soto

Carol Prunhuber: “La literatura es siempre un llamado”

Por Por Anna Müller
Revista Kena,
1988, Caracas.

De visita por Caracas, de la que está distanciada hace 10 años, esta mujer que vive por y para la literatura, nos cuenta sobre su último libro, todo un suceso en Francia; su poesía, los libros que la tienen “agarrada” en estos momentos y su próximo proyecto. Sin olvidar los días pasados en el Kurdistán en calidad de reportera.

 

De tez bronceada, poquísimo maquillaje y voz gruesa que imprime mayor fuerza a cada una de sus palabras, a Carol Prunhuber las frases le fluyen con facilidad, como si de antemano estuviesen clasificadas y organizadas en el fondo de su cerebro. No hay derroche de sustantivos ni comas innecesarias. La conversación se torna amena y refrescante, matizada eventualmente con chispas de fina ironía.
Tiene 32 años. En su adolescencia vivió la experiencia del hipismo amateur; nunca olvidará una tarde de competencia en La Rinconada, cuando ovacionada por una inmensa multitud y sin más fuerzas para soportar la emoción del triunfo, sufrió un breve desmayo.

Se graduó en la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello. En 1980 se marchó a Francia y estudió en la Universidad de París VIII, donde logró un doctorado en el Instituto de estudios Hispanos e Hispanoamericanos. A los 18 años, más o menos, se hace amiga de la poesía. Lleva diez años fuera de Venezuela, ocho en París y dos en Madrid.
Su madre es la inolvidable actriz pionera de nuestro cine: María Luisa Sandoval.

“Una tarde llegué a una tierra llamada Kurdistán. Una nación sin existencia en los mapas, sin nombra en las voces de aquellos que la niegan. Es un nombre que se repite como leyenda, confundiéndose entre fronteras delimitadas por extranjeros. Es un pueblo que se reconoce en su pertenencia, en su forma de caminar, de sonreír y mirar”.

Con estas palabras, cargadas de solidaridad, comienza Carol Prunhuber su reportaje exclusivo sobre el país de los kurdos.

¿Cómo se entiende que una poeta y licenciada en letras viaje como reportera al Kurdistán?
En mi último año de doctorado en París, por cuestiones del destino, conocí en el Festival de Cannes al cineasta turco Yilmaz Güney, ganador en el 82, junto a la película Missing de Costa Gavras, de la Palma de Oro. Es un personaje fascinante; pasó 12 años de prisión en Turquía como prisionero político. Se escapó y apareció en Francia con una película dirigida desde la prisión.
“Después de dos años de trabajo conjunto, entré en contacto con gente del Medio Oriente, a quien él representaba como portavoz del pueblo kurdo en Turquía. A través de Yilmaz conocí al jefe de la guerrilla kurda en una recepción parisina. Me hizo una invitación al Kurdistán y yo me las arreglé como pude. Entré en contacto con la agencia GAMMA TV y finalmente, nos pusimos en marcha un camarógrafo, Sabrina Marvin, encargada del sonido y yo.

Pasó diez días en el Irán kurdo con la guerrilla. Para la entrevistada fueron días violentos, fuertes. Se convirtió en amiga de esa gente y, desde entonces, a través de los reportajes que escribe, ha tratado de servir de puente para dar a conocer a esta parte del mundo la causa kurda.

En uno de sus reportajes, escribe: “…Hombres con batolas y turbantes y mujeres como negros cuervos cruzando la autopista me confirman que estoy en tierra árabe. Las casas incrustadas en el paisaje surgen a lo largo de rutas polvorientas. Todo es un mismo color, incluso la guerra que continúa oculta en el gris de la tierra”.

“Mujeres, los grandes mitos del mundo”
Así titula Carol Prunhuber su último libro, escrito conjuntamente con Sabrina Marvin: una antología de mitos femeninos desde la creación y surgimiento de las primeras divinidades y diosas, hasta las divas del siglo XX, como Marilyn Monroe o Mata Hari. Se trata de un lujoso libro con textos e ilustraciones (fotos, pinturas y grabados), y su lanzamiento en Francia suscitó inmenso interés.

¿Cómo nace la idea de este libro?
En esas horas largas en jeep de Bagdad a la frontera, sobre una mula o simplemente esperando, Sabrina y yo conversábamos sobre nuestros intereses mutuos. Ella es una especialista del mundo árabe y del norte de África; sobre todo los tuareg. Yo tenía mis obsesiones en cuanto al mito femenino. En París, en una cena con un amigo editor, nació la idea del libro. Fue un trabajo extenuante, pues sólo teníamos un año para producir la obra.

Con este trabajo, las autoras han querido demostrar que la mujer, en la historia mítica y real, ha jugado un papel preponderante, es decir, hace historia y la transforma. En lo concerniente a la competencia de los sexos, comenta Carol Prunhuber: “Somos seres diferentes, en cuanto al físico y la psique. No deseo igualarme al hombre, sino crear oportunidades iguales para ambos. El hombre, en los últimos tiempos, ha “perdido la brújula”.

Esta especie de levantamiento de la mujer lo tiene confundido. Se supone que la fémina es sumisa, replegada y obediente. Es cierto que sigue teniendo una libertad atávica, pero cada día va surgiendo y participando más en la toma de poder. No se trata de deformar la sociedad, porque si nos convertimos en machos, ¿a dónde vamos a llegar?”.

Poeta de la generación de los talleres
Afirma tener dos libros de poesía hechos, pero aún no publicados. Sus poemas han visto luz a través de antologías, revistas y diarios. Participó en el taller Calicanto, creado en 1977 y dirigido por Antonia Palacios.

“Fue la época del surgimiento de los talleres de poesía – el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, La Gaveta Ilustrada de Juan Calzadilla-; yo formo parte de esa generación de los talleres, donde surgen los nuevos talentos…”, comenta Carol.

La poesía, ¿ha quedado a un lado?
Poco a poco me fui silenciado como poeta, en cuanto al texto, aunque sigo trabajando con un lenguaje poético. De todos modos, esto es transitorio.

¿Cuáles son los temas de esos primeros años?
Bueno, era la época de la adolescencia, del lenguaje hermético, sostenido por nada, tratando de reflejar quizás emociones. Cuando uno empieza a escribir a los 18 años, refleja como un tormento interior; uno no entiende bien qué está pasando por dentro. Una especie de trabajo abstracto, que no llega a ningún lado.
“Pienso que nunca llegué a adquirir una voz poética propia. Tenía mucho miedo de decir, quizás porque la poesía te revela instantáneamente. La prosa en ese sentido es más fácil; tú puedes escribir cientos de páginas sin revelar tu intimidad. No había tema específico. Primero fue un descubrimiento del exterior. Luego, en Europa, fue la nostalgia de un paisaje que había dejado aquí.

Felisberto Hernández: una tesis y un ensayo
Agua, silencio, memoria y Felisberto Hernández, es el sugerente título de su ensayo, incluido en la serie “El libro menor” de la Academia de la Historia. Es, además, su tesis de doctorado en la Universidad de París.

“Mi interés por este escritor uruguayo data de mis estudios en la UCAB. Uno de mis profesoras nos hizo trabajar unos textos que había caído en el olvido; entre ellos, apareció el nombre de Felisberto Hernández, un personaje insólito, un escritor, brillante anterior al boom”.

Los temas, estilo y estructuras planteados por este innovador hombre de letras subyugaron a Carol Prunhuber. Fascinada ante esta manera de escribir, que trata de romper las barreras del pensamiento lógico para entrar en un pensamiento mágico, Carol se decidió por un trabajo de creación y no meramente académico para su tesis de doctorado.

¿Qué lee en estos momentos?
En este momento soy, por propia voluntad, una asidua lectora de literatura medieval. Estoy redescubriendo a Perceval, La muerte del rey Arturo, El libro de Silence.

¿Hay alguna intención especial en esa regresión?
La literatura es siempre un llamado. Hay libros que me tocan en determinado momento y que los leo “porque sí”. Otros en cambio los abres, no te tocan, y entonces los engavetas hasta una próxima oportunidad.

“Otro descubrimiento ha sido la literatura fantástica, un renglón que yo no había tocado. He descubierto a un autor llamado Lord Dunsany. También a Clarice Lispector, escritora brasilera. Me ha llamado la atención una poeta rusa, que también escribe en francés, llamada Marina Tsvetaeva. Una novela que me tiene encantada en estos momentos es De parte de la princesa de Kenizé Mourad, una especie de Las Mil y una noches modernas. Hay un autor libanés que también me tiene agarrada llamado Amin Maalouf.

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